12 de septiembre de 2016

De la parada en un tiempo al Beatiful Game

Las metas de Popovich



Gregg Popovich en la entrega del trofeo Red Auerbach (Foto: Eric Gay)

"...La gente quiere victorias rápidas, satisfacción... y no entiende muy bien cuánto tiempo se necesita para construir..."
     Esta fue una de las reflexiones de Gregg Popovich, Head Coach de los San Antonio Spurs, al recibir el Trofeo Red Auerbach como Entrenador del año 2013-14 de la NBA, tras haber llevado a su equipo a conseguir (lo que hasta entonces era) el record de victorias de la franquicia en la liga regular con 62-20.

       Popovich ya había dicho sobre su método para construir un equipo, en algun momento de esa misma temporada: "...no hablamos sobre cuántos partidos vamos a ganar, sobre quedar primeros de división, sobre ganar un campeonato o sobre cosas así. No hay ninguna meta como esas. Nuestra meta es ser mejores entrenando cada día y tratando el juego con respeto. Si acabamos cada entrenamiento y cada partido aprendiendo algo que hayamos hecho bien, o de pena, podemos seguir desde allí...".

       Lo cierto es que los Spurs ganaron una ronda de playoff tras otra, hasta finalmente conseguir el anillo. Lo hicieron desplegando un maravilloso juego que ha pasado a la posteridad como The Beatiful Game, denominado así por su gran belleza basada en un mayor peso del trabajo colectivo frente al talento individual.

     Durante el verano que siguió a ese campeonato, Popovich volvió a explicar, esta vez en un clínic (al que corresponde el siguiente vídeo) la filosofía en que basa la determinación de objetivos para su equipo. Confirmó lo que había ido diciendo durante la temporada y ofreció algunas claves más sobre la influencia de su método en la cultura de los Spurs.



      

       La naturaleza del deporte no admite equívocos. La competición es uno sus principios fundamentales. En el caso del baloncesto, dos equipos se enfrentan en el marco de un estricto reglamento y solo uno de ellos sale vencedor; varios equipos participan en un campeonato y, tenga la estructura que tenga, solo uno finaliza como campeón. Obviarlo a la hora de fijar los objetivos de un entrenamiento, un partido o una temporada supone pervertir la naturaleza del deporte y engañar a quienes lo practican, porque la competición está en la esencia del juego.

      Ahora bien, plantear los fines de un equipo ya sea profesional, amateur, junior o escolar en terminos de victorias-derrotas o de posición en la tabla es garantía, casi siempre, de fracaso. Por eso quienes entienden lo que significa la competición persiguen las victorias por el camino de la mejora constante; dando los pequeños pasos que suponen el aprendizaje diario, el trabajo continuo de los fundamentos y la transformación de cada detalle en hábito para convertir la búsqueda del éxito en rutina.
 

Pau Gasol (Foto: marca.com)
      En la temporada 16-17 se incorpora un nuevo interior a la plantilla de San Antonio. Es difícil encontrar jugadores con el portentoso juego de pies de Pau Gasol. Sus 2,16 no le suponen ningún obstáculo para atacar en cualquier posición del campo, tanto de cara como de espaldas, ni para desempeñar cualquier rol que demande su equipo. A lo largo de su carrera le hemos podido ver desde botar el balón tras un rebote defensivo para dirigir un contraataque por la calle central y acabar definiendo con un sutil pase sin mirar, hasta sellar la posición de su defensor en el poste bajo para ganar la línea de fondo con un reverso y acabar machacando el aro con furia, pasando por encestar tiros desde 5, 6 ó 7 metros, lanzados en perfecto equilibrio y tras una recepción en movimiento. No se conocen (en términos de victorias-derrotas o campeonatos) las metas que alcanzará Gasol en su nueva franquicia, pero sí se sabe que a pesar de su portentoso juego de pies, el primer paso que dará en San Antonio será de la mano de Popovich y ni más ni menos que haciendo un ejercicio de paradas en un tiempo y pivotes.