23 de octubre de 2015

El diálogo continuo

Jugando con el lenguaje

 

Foto: Noren Trotman
     Quienes conocen de cerca a Michael Jordan dicen que siempre le han gustado esas charlas en un pequeño grupo de gente de baloncesto. No más de 4 ó 5 personas hablando del juego, contando anécdotas o especulando sobre cualquier aspecto relacionado con lo que más le apasiona. Y es que el baloncesto invita a un diálogo continuo que M.J. cultivó con maestría sobre la cancha y disfrutó con gran placer fuera de ella. En su tremenda carrera, Jordan habló con todos los que participaron junto a él del juego y practicó lo que desgraciadamente es más un lugar común que una realidad: al baloncesto se juega hablando.

      Aquellos que compartieron su vestuario saben de la concentración y el esfuerzo que generaba su competitividad en los entrenamientos. Incrementaba la intensidad de cada sesión mediante comentarios, intrucciones y arengas. Además presionaba verbalmente a algunos de sus compañeros obligándoles a dar lo mejor de si mismos y no dudaba en ironizar o en hacer sarcasmo si pensaba que eso podía provocar una reacción que elevase su nivel de rendimiento o la calidad de su trabajo. Mientras jugó, la palabra fue una de las herramientas que más y mejor utilizó sobre el parquet.

Foto: Andrew Bernstein / NBAE
     Fruto de la gran ambición y la confianza con que afrontó siempre la competición se convirtió en uno de los trash talkers más temidos de la NBA. No rehuía el contacto verbal pues pocas cosas le motivaban más que un rival hablando para intentar intimidarle. Aceptaba siempre el reto convirtiendo el juego en un continuo intercambio de canastas y frases provocadoras, como si participase en una pelea de gallos de Hip-Hop además de en un partido de baloncesto. Pero su dominio del lenguaje abarcaba otros registros además del callejero y agresivo trash talking. Cuando en ocasiones se enfrentaba a un rookie, le saludaba con amabilidad dándole la bienvenida a la NBA y conversaba con él como si jugasen todos los martes en el playground del barrio. Le adulaba comentando su última actuación, alguno de sus movimientos o su carrera universitaria, sorprendiéndole y descentrándole al ver que "Su Majestad" sabía de sus andanzas. Acabado el partido el novato se despedía de "Mike" considerándose uno más en la Liga y entraba en el vestuario henchido de un orgullo que se convertía en desconcierto cuando, al ver las estadísticas, se daba cuenta del roto que le había hecho su nuevo amigo: "His Airness".

          En su diálogo interminable participaban incluso los espectadores. En cierta ocasión, en Salt Lake Cityuno le recriminó desde las primeras filas que machacara por encima de John Stockton (1,85) diciéndole que buscase a alguien de su tamaño. Cuando en la siguiente jugada voló para hundirla sobre Mel Turpin (2,11), Jordan encontró al espectador con la mirada y le preguntó si ese era lo suficientemente grande. Si por él hubiera sido habría contestado hasta los comentarios del último fan en lo más alto del gallinero. Por eso no es de extrañar que Gatorade, en la campaña publicitaria que diseñó  en su segundo retorno a la NBA (llamada 23 vs 39), le imaginara en el culmen del diálogo continuo practicando el trash talking consigo mismo.


             Cuando se retiró definitivamente, la NBA y sus patrocinadores intentaron promocionar a los jóvenes que despuntaban con la esperanza de encontrar nuevos iconos que mitigasen el vacío generado por la ausencia de una figura de dimensiones globales como la suya. Todo lo que representaba se echaba de menos y su principal sponsor intentó camuflar el silencio que provocó su marcha depositando la responsabilidad del liderazgo, y de mantener vivo el diálogo, en algunos de aquellos jovenes mediante un mensaje publicitario (Lead the charge) en el que se destacaba, entre otras cosas, la importancia del habla en el baloncesto.

     
          Pero el aspecto más importante que nos ofrece la utilización del lenguaje en el baloncesto es la comunicación entre los componentes de un equipo durante el juego. De nada sirve ser locuaz fuera de la cancha, en las charlas de salón, o hablar dentro de ella para descentrar o amedrentar a los rivales, si luego se juega en silencio, sin narrar las acciones sucesivas que provoca cada jugada ni coordinar hablando a los componentes del equipo. La palabra proporciona a los jugadores una imagen complementaria que no está a disposición de la mirada; supera el presente mediante la voz, posibilitando que lleguemos al futuro con ventaja. Como se observa en el siguiente vídeo, los fueras de serie hablan durante todo el proceso que genera buen juego; Bryant y Gasol dejan bien claro el peso que tiene la comunicación a todos los niveles en el baloncesto bien jugado.

 

            Cuando los jugadores se comunican y se entienden entrenando; hablan antes, durante y después de jugar, y no se conforman con comprender el juego sino que intentan que sus compañeros perciban y lean cada situación dentro de la cancha con otro punto de vista además del propio; convierten el buen juego en excelente. Los mejores son los que desarrollan la capacidad de lanzar mensajes que generan acciones y de responder con acciones a los mensajes de los demás, produciendo un diálogo continuo que consigue sincronizar ideas con actos, asentando así los cimientos  del juego en equipo.