21 de junio de 2015

Autoaprendizaje y autoentrenamiento

La responsabilidad de aprender y mejorar



         La primera estrategia que utilizamos los humanos para aprender conductas y desarrollarnos como seres sociales es la imitación. Observamos los patrones que nos presentan distintos modelos (al principio nuestros padres y familiares) e intentamos reproducirlos. Elegir modelos de conducta e intentar copiarlos es algo que no dejaremos de hacer hasta el final de nuestra vida y los modelos que elijamos, así como el empeño que pongamos en reproducirlos, decidirán en buena medida la evolución de nuestra existencia, es decir, quienes seremos y como nos comportaremos.

      En el deporte en general y en el baloncesto en particular hay modelos tan potentes que son elevados a la categoría de iconos globales llegando en ocasiones a ser mitificados. Todos sus movimientos son reconocidos y estudiados hasta los más mínimos detalles. También son imitados por legiones de aficionados que pretenden emularlos como se presenta en el siguiente vídeo que Nike dedicó al mayor icono del deporte mundial y mito por excelencia en la historia del baloncesto.

 

        Este es un ejemplo muy clarificador de lo que es capaz de conseguir la fuerza de un modelo y el aprendizaje por imitación, y de como eso es utilizado por una firma comercial para presentar una línea de productos insinuando al consumidor potencial la posibilidad de realizar, sentir y vivir las mismas experiencias que el modelo que es quien realmente las protagoniza. Michael Jordan tiene tal fuerza como modelo, que cuando los creativos de Nike publicaron este anuncio (titulado "Second Generation") en 2006, ya habían pasado tres temporadas desde su retirada definitiva como jugador profesional de baloncesto. Claro, que las imágenes que muestra con sus movimientos legendarios, permanecerán en nuestras retinas muchos años, tal vez de por vida; y todavía son imitados, junto con sus gestos y su estilo, por varias generaciones de jugadores en persecución de la excelencia.

           Pero, más allá de la publicidad, la utilidad principal de un modelo deportivo es la energía que genera en todos aquellos jugadores que se fijan sus habilidades como objetivo. Quienes fían su mejora al trabajo del entrenador y circunscriben su aprendizaje a las sesiones de entrenamiento con el equipo, prescinden de una de las facetas fundamentales en su crecimiento deportivo individual: la búsqueda de la mejora continua a través del autoaprendizaje y el autoentrenamiento. La ambición y el ansia por mejorar están entre los principales factores que hacen que imitar a los mejores sea uno de los motores de crecimiento de los grandes jugadores y uno de los pilares en los que se asienta la evolución de nuestro juego.

           Se puede concluir entonces que la principal responsabilidad en su propia mejora individual es de los jugadores que son quienes tienen que poner todo el interés y el esfuerzo por seguir las consignas de sus entrenadores en cada repetición, de cada ejercicio, de cada entrenamiento. Son los responsables de elegir sus objetivos de mejora, con arreglo a sus deficits o a sus necesidades, para poder trabajar sobre ellos fuera de la sesiones del equipo. También son los responsables de encontrar modelos o habilidades a imitar (los hay por doquier, incluso dentro de su propio equipo) con el fin de progresar en su juego, afianzando sus virtudes y reduciendo sus lagunas. Y, por supuesto, son los responsables de entrenarse ellos mismos, fuera del ámbito del equipo, para reforzar las habilidades ya trabajadas con el grupo, o buscando modelos a los que imitar acercándose sin cesar a la excelencia.